
Escribo este artículo hoy, domingo 5 de julio, mientras me entero en directo de la situación urgente que vive Honduras. Todavía los medios de comunicación preguntan a sus entrevistados su opinión sobre el Golpe de Estado, sobre la legalidad de la consulta-referéndum popular que impulsó Zelaya, y la posición que la comunidad internacional ha asumido con respecto a lo acontecido. Siguen dando las mismas respuestas que muchos más, dependiendo del criterio que manejen, ya han ido dando en el transcurso de la semana.
Mientras tanto, transmiten e informan de los manifestantes que se agrupan frente al aeropuerto de Tegucigalpa: miles de personas, jóvenes la mayoría, con mirada amenazadora y retadora, con un porte brusco y sin sentido, siguiendo la solicitud de Mel de irlo a recibir “sin armas”. Los militares, situados dentro del aeropuerto, se miran concentrados y apuntando sus rifles a la multitud, esperando que alguno se salga con la suya. AFP reporta que puede vislumbrar francotiradores apostados en sitios altos cercanos al lugar de la manifestación. Ahora, los revoltosos intentan entrar al aeropuerto y el ejército mata a dos. La policía repudia el hecho, Micheletti pide negociar. Zelaya no aterriza.
Pienso que llegamos a tal punto que ya se debe dejar de hablar sobre qué hicimos mal y qué podríamos haber hecho mejor. Esta última semana ha estado llena de opiniones a favor y en contra de lo sucedido, pero estamos frente a una situación totalmente diferente y difícil de controlar. A estas alturas, el golpe de Estado no ha dejado nada positivo, mientras que la comunidad internacional se ha encargado de martirizar a Zelaya a tal punto de convertirlo en un héroe de la democracia, cuando no es cierto, sin justificar las actuaciones de los demás poderes de la república hondureña.
Aplaudo la iniciativa de Micheletti de llamar a la negociación, y hago un llamado a la OEA y demás entes respectivos para acatar dicha alternativa. No creo que me apelación llegue a sus oídos, pero espero que al menos llegue a algunos. Como centroamericano, me duele lo que está sucediendo en Honduras porque, aunque no soy de la generación de los ochentas, me consta lo que ha sufrido los últimos años para consolidar una democracia, que se ha visto violentada hasta más no poder por ambos bandos. No quisiera ver como gente adulta revive lamentables acontecimientos, ni tampoco quisiera que los jóvenes pasáramos por lo mismo.
Dejemos de lado las ideologías y diferencias. Mostremos la cara de la paz y la democracia que tanto costó a la región construir.

4 comentarios:
Leo:
Me parece que es un comentario excelente, con las ideas bien planteadas y los objetivos bien defindios.
¡Te felicito!
Ramón Ygleisas
Muchas gracias Ramón. Recemos por Honduras.
Muy bien, Leo, me encanta ver la tranquilidad y la fuerza de tus comentarios.
Está excelente.
Gracias. Supongo que es Isa mi tía... Jejeje.
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